¡Hacer pan casero ahora es más fácil que nunca!

 

Cada vez somos más los que nos animamos a vivir la experiencia de realizar nuestro propio pan artesanal. Por ello, desde Levanova, os animamos a “meter las manos en la masa”, pero, para que este proceso de panificación sea mucho más sencillo, os damos unos valiosos consejos en sencillos pasos que os ayudarán a  que el  resultado sea digno de todo un “pan gourmet”.

La fórmula:

Harina, agua, sal, y levadura es todo lo necesario para la elaboración del pan. El secreto reside en el tipo de ingredientes y su cantidad, que deberán ser seleccionados en función del resultado que busquemos. Es decir, en primer lugar, debemos atender a la elección de los mismos. Por ejemplo, aunque podemos seleccionar entre una gran variedad de harinas dependiendo de cómo queramos que sea nuestro pan, lo recomendable para iniciarse es comenzar con harinas de trigo con altos niveles de proteínas porque, al mezclarse con el agua, formarán el gluten responsable de la futura esponjosidad del pan. En este sentido, también es importante atender a la temperatura de los ingredientes, por lo que el agua deberá estar tibia a la hora de realizar la mezcla.

En cuanto a la cantidad, dependiendo, por ejemplo, del agua que incorporemos, conseguiremos una masa más o menos compacta. A mayor cantidad de agua, menor densidad en la miga. Sin embargo, para nuestras primeras experiencias elaborando pan, será recomendable usar unas proporciones en torno a:

  • 500 gramos de harina
  • 300 g de agua
  • 10 g de sal
  • 10 g de levadura

Mezclado y amasado:

Mezclar los ingredientes es una de las fases más importantes de la panificación pues, será la responsable de la formación de la red de gluten que proporcionará la esponjosidad al pan. Algunos trucos para que este proceso se lleve a cabo correctamente son, en primer lugar, poner en un bol la harina junto con la levadura y la sal para, posteriormente, crear un agujero e ir añadiendo lentamente el agua. Seguidamente, empezaremos a mezclar con los dedos intentando unificar los ingredientes en un sentido circular hasta que la masa no se pegue a los laterales del recipiente, ni a nuestras manos. Además, cuanto más desarrollemos este proceso, mayor será el volumen del pan y más blanca y regular la miga.

Una vez tengamos nuestra mezcla deberemos espolvorear un poco de harina sobre una superficie plana y lisa para poder comenzar a amasar hasta que consigamos que nuestra mezcla tenga un aspecto uniforme y liso, pues será el momento en que se haya formado la red de gluten que hará que nuestra masa quede aireada, elástica, extensible y homogénea. Cuanto más amasemos, más se desarrollará dicho gluten y más conseguiremos que el resultado sea el esperado. Además, durante este proceso, subirá la temperatura de la masa, empezarán a activarse los efectos enzimáticos, y la masa se oxidará y se blanqueará lentamente.  Lo que, sobre el resultado final del pan, nos proporcionará mayor volumen, una miga más blanca y regular, y una corteza más fina.

Lo ideal será realizar la repetición constante de un ciclo basado en estirar la masa, desgranándola y alejándola de nuestro propio cuerpo con un brazo a la vez que, la sujetamos con el otro del extremo contrario para, acto seguido, volver a enrollarla acercándola hacía nosotros. También podremos golpearla sobre la mesa aprovechando la inercia de la caída para que se estire por si sola y ser más eficaces. Aunque este proceso nos llevará algo de tiempo, no te preocupes, la clave reside en insistir. De todas formas, si tienes un robot de cocina… ¡no dudes en usarlo!

El reposo y la fermentación:

Para que la masa adquiera “cuerpo” es necesario dejar un periodo de tiempo de descanso tras el amasado para que la levadura actúe y madure la masa aumentando su fuerza y produciendo los aromas que aportan el sabor al pan.  Cuanto mayor sea el tiempo de reposo, más adquirirá la masa la resistencia elástica que provocará que el producto final sea redondo y voluminoso.

 

Formado y fermentación final:

El primer paso en este proceso será la división de las piezas, y en el supuesto de que sea necesario, se procederá a su aplastamiento. Durante este tratamiento, la masa eliminará el exceso de dióxido de carbono que se haya podido crear durante el primer reposo o fermentación. Seguidamente, procederemos a bolear la masa para reestructurarla  y que esta adquiera tenacidad. Después, deberemos dejar un segundo reposo que permita que el gluten se relaje, este periodo suele durar unos 15 minutos. Finalmente, habrá llegado el momento del formado, es decir aportar a nuestra pieza o piezas su forma final, de este modo, estaremos mejorando la tolerancia a la fermentación, y el pan será más voluminoso, redondo y con la miga más regular.

Cocción:

Con el horno precalentado a 220º, baja la temperatura a 180º e introduce la masa en el horno. Al mismo tiempo, pon varios cubitos de hielo en otra bandeja metálica, que habremos colocado previamente en la parte inferior. Estos, provocaran rápidamente el desprendimiento de vapor, y será esta humedad producida la encargada de que la corteza se forme correctamente. Espera unos 15 minutos y… ¡tendrás un pan natural y de calidad elaborado con tus propias manos!

 

¿Te vas a quedar sin probarlo?